Todo empezó llamando a la puerta. Literalmente. La carnicería, la ferretería, el fontanero de la esquina. Entrábamos, preguntábamos por el dueño y le explicábamos, con todo el descaro del mundo, por qué necesitaba una página web.
"Nos dijeron que no muchas veces. Pero cada 'sí' nos enseñó más que cualquier curso online."
Esos primeros clientes nos dieron algo más valioso que dinero: confianza y experiencia. El boca a boca hizo el resto. Nunca invertimos un euro en publicidad.
Hoy trabajamos con empresas de toda España. Y cuando algún cliente nos pregunta cuál es nuestro secreto, la respuesta es siempre la misma: que empezamos desde cero y sabemos lo que cuesta construir algo.